Les voy a proponer un juego... Cierren los ojos por un momento y olviden sus preocupaciones, sus miedos, sus ilusiones, su vida cotidiana, y déjense llevar.... Ya!!! Les voy a contar una historia, no se hagan ilusiones, no es mía, es de un tal Edwards, Blacke Edwars...
“Érase una vez, un patoso hindú, pero muy patoso y muy poco hindú, que trabajaba en lo que siempre había soñado, el cine. De extra.... pero por algo se empieza. En un descanso de una toma que consiste en volar un “frente”, en la que todos están comiendo su bocadillito, Bakshi – que de este modo se llama el protagonista- decide apoyarse accidentalmente sobre la palanca del aparato explosivo, y “vuela todo por los aires”, y ¡¡¡bum!!! adiós toma, adiós dinero del productor.
Éste jura y perjura que nunca jamás volverá a pisar un estudio, ya que ineptitud provocó pérdidas millonarias y la cancelación parcial de la película. Nuestro protagonista se marcha desilusionado, y el productor ordena que le incluyan en la “lista negra” para que sus amenazas se conviertan en realidad. Pero, las cosas muchas veces no salen como uno espera, y la secretaria, en vez de colocarle en la lista negra le ubica en la lista de una fiesta que su jefe va celebrar.
¿Ustedes le invitarían? Porque yo me lo pensaría dos veces. Aparece en la casa y la desgracia y el caos reinan con libre albeldrío. Imagínense una casa en la que estuvieran los hermanos Marx, el Gordo y el Flaco y Cantinflas, sólo le falta el caballo para terminar como una fiesta del nieto de Franco, Pocholo. Pero en este caso, sólo se necesita a la figura de Bakshi para destrozar la casa.”
Volvamos a la realidad, interpretemos esta historia, esta comedia llamada The Party o “El guateque”, del guionista y director de la misma Blacke Edwards, y de su actor fetiche, Peter Sellers.
Como prácticamente todos los films, contienen reminiscencias –en este caso en forma de parodia y tributo- de otras películas llamadas “grandes obras” y publicadas en la historia del cine. Ésta, en concreto, hace un guiño a “Gungan Din”, del año 1939, producida y dirigida por Georges Stevens, y protagonizada por Cary Grant, Douglas Fairbanks. Inspirada en el poema homónimo de Rudyar Kipling que le deicó a un aguador que conoció en el Raj Británico y cuya línea principal dice: “De todos los años que estuve en la India, no conocí a nadie más valiente que el aguador de nuestro regimiento, Gungan Din”.
Pero no es la única referencia o guiño, ya que es todo recital de gags y slapsticks, típicos del cine mudo, como las tartas volando, el zapato presentado y servido en una bandeja de plata, y como no, aquellos que nos muestran las diferentes relaciones que existen entre los personajes; esa puerta de la cocina que se abre y se cierra, en la que se puede observar como un camarero estrangula a otro por su torpeza, en la que nos sitúa como jueces, jurados y verdugos de tan odiada y violenta escena.
No sólo hace referencia al cine mudo, va mucho más allá. Nos presenta “el cine dentro del cine”, primero con la escasa y sarcástica escena de “Gunga Din”, y posteriormente en la fiesta, que es un muestrario de personajes que conforman los estudios cinematográficos: directores, guionistas, actores, etc, eso sí, de una forma muy peculiar y negativa, mostrándolos desde su perspectiva de omnipotencia, grandeza y en un estado muy particular de decadencia. Estos personajes que desfilan como estrellas galardonadas en los Oscar, no son más que “decorados” anticuados de una época dorada del cine estadounidense, en dónde la opulencia y la grandeza de sus escenarios, compensaban su mediocridad en los guiones y su puesta en escena. En definitiva, una parodia que roza la realidad, que muchos considerarán un insulto.
En cuanto a la parte técnica, Blake Edwards, nos enseña los escenarios y personajes por medio de dos “guías”, por un lado “el camarero borracho”, y por otro, por medio del “protagonista”. Al igual que lo hace Hitchcock, nos muestra un escenario mediante planos generales, para que el espectador conozca y sea capaz de ubicar a los personajes, combinándolo con planos medios – conversaciones- y primeros planos – estado de ánimo de los personajes-. En este caso, Bakshi, se convierte en un espectador más que intenta colarse en las conversaciones del resto de los invitados, para conocer cómo su personalidad y las situaciones que les rodean.
La utilización de diálogos breves, que se entremezclan con la banda sonora, nos da a conocer de una manera leve, pero contundente, la conducta de cada invitado. Además, el director no aisla las conversaciones “al oído” que mantienen algunos personajes de la música, sino que éstos utilizan la comunicación no verbal para dar paso a otra escena.
Por último, pero no por ello lo menos importante, hablar de la banda sonora, creada por Henry Mancini y Don Black, que compusieron las canciones “Nothing to lose” y “The party”. Mancini utiliza la esencia del Lounge music y sonidos psicodélicos de la época. Un género de la década de los cincuenta, caracterizado por los ritmos sensuales, desprovistos de una instrumentación recargada y basada en los sonidos del Swing y Big Band.
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