EL AHIJADO DE LA MUERTE
( Durante las acciones de las guerrillas se escucharan pequeños fragmentos de discursos de Ché Guevara. Los fragmentos con sonido en off son:
....La moderación es otra de las palabras que les gusta usar a los agentes de la colonia. Son moderados todos los que tienen miedo o todos los que piensan traicionar de alguna forma. El pueblo no es de ninguna manera moderado......
.... Seremos libres o seremos mártires.......
..... Nuestra revolución ha destruido las teorías de salón. Hay que hacer revoluciones agrarias, luchar en los campos, en las montañas y de aquí llevar la revolución a las ciudades.....
..... Las fuerzas populares pueden ganar una guerra contra el ejército, no hay que esperar a que se den las condiciones para la revolución el foco insurreccional puede crearlas. ....
..... Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión, hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de los cuarteles, y aun dentro de los mismos; atacarlo dondequiera que se encuentre, hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Crear dos, tres, muchos Vietnam...........
..... Nuestros ojos libres hoy son capaces de ver lo que ayer nuestra condición de esclavos coloniales nos impedía observar: que la "civilización occidental" esconde bajo su vistosa fachada un cuadro de hienas y chacales. ....
.... El estímulo moral, la creación de una nueva conciencia socialista, es el punto en que debemos apoyarnos y hacia dónde debemos ir, y hacer énfasis en él.
El estímulo material es el rezago del pasado, es aquello con lo que hay que contar, pero a lo que hay que ir quitándole preponderancia en la conciencia de la gente a medida que avance el proceso. Uno está en decidido proceso de ascenso; el otro debe estar en decidido proceso de extinción. El estímulo material no participará en la nueva sociedad que se crea, se extinguirá en el camino y hay que preparar las condiciones para que el tipo de movilización que hoy es efectiva, vaya perdiendo cada vez más su importancia y la vaya ocupando el estímulo moral, el sentido del deber, la nueva conciencia revolucionaria. ....
Además de estos fragmentos, distribuidos a lo largo de las luchas guerrilleras, se pondrá de música de fondo “ El pueblo unido jamás será vencido” “ Himno cubano”.
SECUENCIA 1.A. MONTE AL LADO DE UN RÍO. EXTERIOR/NOCHE
A la orilla de un río, en plena noche, aparentemente tranquila, se encuentran unos hombres que portan unas mochilas a sus espaldas, vestidos todos ellos de riguroso traje del ejército guerrillero. Poco a poco van subiendo a una embarcación, no muy grande, en la que estarán bastante juntos, ya que la cantidad de hombres es exagerada. Van vestidos con camisas verdes, con el escudo de la bandera cubana estampado a la izquierda, al lado de su corazón. Pantalones verdes y botas altas negras, mochilas de color crema, bastante llenitas. En ellas encontramos alimentos y munición. Entre los militares está un médico, él lleva dos mochilas, una con medicamentos y otra con alimentos y munición. Se ocupará de la conservación de la salud del personal, de la medicina preventiva y la recuperación de las supuestas bajas, a través de la evaluación, y el tratamiento; solamente tratará aspectos bromatológicos, tratamientos médicos iniciales, primeros auxilios y tratamientos urgentes. Carecerán de hospitalización y evacuación.
SECUENCIA 1.B. MONTE. EXTERIOR. NOCHE.
A lo lejos se divisa un pequeño cuartel del ejército de la dictadura, se sitúa en un lugar estratégico y casi impenetrable para las fuerzas enemigas. Cuenta con una geografía abrupta, colocado al lado de la desembocadura del río. Sólo existen dos entradas posibles y complicadas, por la parte trasera del cuartel se encuentra una pequeña aldea deshabitada, con chozas derruidas; cercano al cuartel tienen un pequeño anexo en donde se encuentran el arsenal de alimentos, armas, y una pequeña cárcel. La otra posibilidad cuenta con cruzar un río, escalar un pequeño desnivel y rezar para no toparse con las tropas del ejército haciendo vigilancia en la puerta del cuartel. Una tropa mermada tanto en número como en abastecimiento de la misma, toma la iniciativa por la primera opción, cuentan con nueve fusiles con mirilla telescópica, cinco semiautomáticos, cuatro de cerrojo, dos ametralladoras Thompson, dos pistolas ametralladoras y una escopeta calibre 16. Su oración y su moral, luchar hasta la muerte, y agotar todas las posibilidades hasta llegar al objetivo final, sin preocuparse por los medios, la victoria de la guerrilla; guiados por un campesino, tan harto por las hostilidades geográficas como por las hostilidades morales, económicas y sociales, buscando, como los guerrilleros, la victoria de la libertad. Andan por un camino angosto del bosque transitado por muy pocas personas y marcado especialmente a punta de machete del guía. Llegados a un punto alto del camino, donde los altos mandos observan las escasas, temerarias y cansadas opciones de sorpresa y ataque a la fortaleza.
SECUENCIA 2.A. EMBARCACIÓN. EXTERIOR. NOCHE.
Una vez que están a bordo todos los efectivos, sale con las luces apagadas a bordo de una embarcación del Puerto de Tuxpan. La navegación se va complicando, debido a un tiempo impregnado por un fuerte frío y lluvias desgarradoras, aunque tuvieron suerte, puesto que el estuario del río aún se mantiene tranquilo. Cruzaron la boca del puerto de yucateco, pasado el miedo de que pueden ser divisados por tropas de la dictadura y de la tormenta que poco a poco está más presente, encendieron las luces y empezaron a cantar, tal vez por el miedo ante la situación, tal vez porque muchos de ellos no volverán a ver a su familia; pero entre el miedo y la gran esperanza de conseguir por fín la ansiada libertad que muchos les negaron, empiezan a cantar el himno nacional de Cuba y el pueblo unido jamás será vencido. Después de este alarde de valentía y seguridad que daba cantar, aunque sea durante cinco minutos esas canciones, el panorama se torna de un aspecto grotesco, ridículo, y tal vez de una debilidad tan evidente como es la angustia, el pánico, y el nerviosismo reflejados en sus rostros, agarrándose el estómago como si por la boca fueran a escupir toda su libertad y su lucha. Algunos tienen la cabeza metida dentro de un cubo y otros tumbados en extrañas posiciones, inmóviles y con las ropas sucias por el vómito.
SECUENCIA 2.B. EMBARCACIÓN. EXTERIOR / NOCHE.
La embarcación sigue su camino, los tripulantes dormidos, apoyados en sus mochilas. El suelo del barco lleno de agua y de vómitos; mientras el médico va mirando uno por uno al resto de los guerrilleros; saca del bolso del pantalón un cigarro y un mechero, se enciende el cigarro y prosigue su marcha. En la proa están soldados todavía mareados, e incluso desorientados, el médico vuelve hasta su sitio, coge su mochila y la carga a la espalda, yendo hasta el sitio donde están sus compañeros. Deja la mochila en el suelo y saca unos antihistamínicos. En ese momento, un haz de luz se les clava en su pupila, han sido divisados por un barco de cabotaje, que comunica telegráficamente el hallazgo al ejército de Batista.
Más que un desembarco resulta ser un naufragio, perdiendo casi todo su equipo y caminando durante interminables horas por ciénagas de agua de mar, con botas nuevas; esto ha provocado ulceraciones en los pies de casi toda la tropa. Pero no es su único enemigo el calzado o las afecciones fúngicas. Ya no queda de sus equipos de guerra nada más que el fusil, la canana y algunas balas mojadas. Sus uniformes están destrozados, mojados, llenos de barro y mierda. Su arsenal médico ha desaparecido, sus mochilas se han quedado en los pantanos, en su gran mayoría. Caminando de noche, y debido a su inexperiencia, uno de los soldados decide guiarles a lo largo del camino.La única y mínima posibilidad de vida y salvación es un monte firme, se introdujeron en la ciénaga. Siguen caminando por los pantanos, no son vistos ni hostilizados por la aviación, pero ya el ejército de la dictadura anda sobre sus pasos. Son un ejército incapaz de mantener viva la ilusión por la libertad y liberación de su pueblo de manos de un estado opresor. Se convirtieron en una guerrilla a la deriva, un escuadrón de sombras, que andan desorientados por los desmayos y las fatigas.
SECUENCIA 3.A.MONTE.EXTERIOR/NOCHE.
Desde lo alto, observan como es el uniforme nuevo de los soldados de Batista, tan poco llegaron a comprender muy bien porque llegan lanchas cargadas de guardias, bajando unos y subiendo otros. Con cara de preocupación, deciden esperar un rato, a ver qué sucede y cómo se desarrolla la situación para atacarlos. Mientras los altos mandos vigilan extenuados y hablando entre ellos, el resto de la tropa, comen chorizo y galletas, beben agua. Formaron un círculo, se miran entre sí, desconociendo la situación que les espera. El guía se aleja un poco del grupo, mira para el fondo, donde está una pequeña aldea. Un sargento se gira y manda a un soldado que baje hasta el río y que explore el lugar por dónde deben ir. El soldado se cuadra y una vez finalizada la orden, se marcha en compañía de otro soldado, hacia el río, con fusil en mano.
Tardan unos diez minutos y vuelven a donde están los sargentos. Llevan el fusil recostado en el hombro, se cuadran.
SOLDADO:
Señor, no hay movimiento por la zona baja del río. Hay dos guardias haciendo vigilancia a la puerta del cuartel. Parece un camino accesible, señor. No nos pueden divisar.
Cruzan el río, y se encuentran con un soldado del régimen, que es incapaz de reconocer que son guerrilleros.. Lleva un uniforme de color azul, con un fusil antiguo.
El sargento se acerca hasta el joven, con seguridad. Detrás de él está la tropa, con fusil en mano.
SARGENTO:
Soldado, cuádrese ante un sargento de la guardia de Batista.
El soldado empuña el fusil. Apuntándole a la cabeza.
SOLDADO:
Si es un sargento del régimen, por qué razón lleva ese uniforme , señor.
SARGENTO:
Deje de apuntarme, soldado, es una orden. Obedezca si no quiere pasarse una temporada a la sombra.
SOLDADO:
No le creo, señor. Como se acerque dispararé.
SARGENTO:
Soldado, me está tocando los huevos. Baje el arma. Vengo del monte de buscar a esos cabrones rojos, y ahora un soldado raso me apunta con una pistola¡¡¡¡¡
El sargento comienza a chillar, con los ojos fuera de órbita, con cara de cabreado. El soldado baja el arma y se pone firme. Le comenta al sargento la situación de la tropa del cuartel.
SOLDADO:
Señor, los guardias están en el cuartel, sólo comen, no hacen nada por sofocar los puntos de rebeldía que hay en los pueblos cercanos del cuartel. Sólo hacemos recorridos sin importancia, escasamente vigilamos, ya que esos rojos no se atreverán a acercarse a ningún cuartel, señor.
Le da la espalda al soldado, mirando a su tropa sonríe, con las manos en la espalda.
Pasea mientras habla.
SARGENTO:
Soldado, hace una semana, vi una tropa muy cerca del cuartel. Estuve a menos de cinco metros de Fidel Castro, y se me escapó. Debe estar cerca ya. Me gustaría saber qué harías si te encontrarás a cinco metros de Fidel Castro
El sargento se acerca hasta el soldado. Clava la mirada en los ojos del soldado.
SOLDADO:
Señor, lo mataría y lo colgaría como una bandera. Para que la gente se le quite las ganas de seguir con la revolución. Haría lo mismo que le hicieron a Jesucristo.
Los soldados se acercan a su sargento; el sargento se empieza a reír.
SARGENTO:
Demasiado tarde, soldado. Cogerle.
Dos soldados le apuntan con la pistola a la cara, el soldado baja el arma al suelo.
Siguieron acercándose al cuartel, por la parte trasera, por donde estaba el pueblo. La idea era dividir a la tropa en tres escuadrones. Una por el centro, otra por la izquierda y la última a la derecha. Se acercaron a las posiciones enemigas hasta llegar a unos 40 metros. El sargento inicia el tiroteo con dos ráfagas de ametralladora, seguido por todos lo fusiles disponibles.
El guía se quedó detrás de ellos a bastante metros, con cara de resignación. Se sentó encima de un tronco, sacó de un pequeño zurrón comida y comienza a comer. El hombre lleva una camisa a cuadros bastante sucia, unos pantalones de pana negra.
SECUENCIA 3.B. MONTE. EXTERIOR/ NOCHE.
Siguen la caminata larga y penosa, que les condujo a un pequeño cayo del monte, un pequeño bosque donde no tienen muchas posibilidades de salir, un lugar adecuado para la muerte. Además del bosque los hombres sólo disponen de un fusil, navajas y balas mojadas. La única y mínima posibilidad de seguir vivos y salvación es un monte firme, y la posibilidad de seguir comiendo cañas a las orillas de los caminos. Los guerrilleros rezan para que en ese día no amaneciera, porque entonces si que fracasarán en su búsqueda hacia la libertad de una nación oprimida. Pero llegó el odiado amanecer, y algunos, tranquilamente cortan cañas mientras los aviones pasan; son un blanco fácil y visible, además en el bosque que se encuentran posiblemente, se hicieron más fáciles. Otros se encuentran sentados intentando descansar.
El compañero Montané y el médico están recostados contra un tronco, uno al lado del otro, hablando de sus respectivos hijos.
MONTANÉ:
No echas de menos la familia, Ernesto.
Montané se queda mirando a Ernesto. Está preocupado y se refleja en sus manos, no puede dejar de moverlas.
ERNESTO:
Bastante, sobre todo a mi niña pequeña. Mira.
Saca de un bolsillo de su escaso equipaje una foto de su hija. Una niña pequeña, guapísima, sonrisa pícara y de oreja a oreja, vestido vaquero.
MONTANÉ
Crees que esto merece la pena?
Mira hacia el suelo, se intenta poner de pié.
ERNESTO:
Lo dudas?
Montané comienza a andar. Ernesto está tranquilamente recostado en el tronco. Se agacha hasta su equipaje para meter la foto de la niña en el bolso.
MONTANÉ:
Ahora sí. Con estas condiciones no se puede lograr muchas cosas. ¿ Y si me he equivocado? ¿ Y si no vuelvo a ver a mi familia? Echo de menos a mi mujer, a mi hija. Recuerdo cuando me fui, mi hija me abrazó y no me soltaba el cuello.
Ernesto se incorpora un poco y empieza a agitar los brazos. Parece que está en un mitín político en vez de estar en un combate.
ERNESTO:
Por eso tenemos que luchar, para volver a nuestros hogares. Hay que hacerlo por la familia, por la gente, por ti. Hay que luchar y vencer para que cambie las cosas, para que vayan a mejor, para tener libertades, derechos, para hacer una patria mejor.
Montané se vuelve a recostar en el tronco, parece más tranquilo.
MONTANÉ:
Ya........
Ernesto da una palmadita en la espalda a Montané.
ERNESTO:
Volverás a verlas. Te lo prometo.
Comen la magra ración dos galletas cuando suena un disparo; la tranquilidad duró poco tiempo, ya que esa tranquilidad tan fugaz es truncada por un disparo. Y ese disparo es seguido por una plaga de lo mismo.
Todos ellos se encuentran en condiciones físicas deplorables, y se divisa la antesala de una carnicería, de la que muy pocos se podrán salvar. Ernesto tiene un fusil antiguo, ya que sus condiciones físicas y su entrenamiento para un combate son bastante escasos. Tiene delante una mochila de medicamentos y una caja de balas, las dos son mucho peso para transportarlas juntas, debido a los constantes ataques de asma, sus fuerzas están mermadas, toma la caja de balas, dejando la mochila para cruzar el claro que le separa de las cañas. Su compañero le ayuda disparando su pistola ametralladora. Cerca de Ernesto un compañero llamado Arbentosa, camina rápidamente hacia el cañaveral. Una ráfaga que no se distinguió de las demás, les alcanzó a los dos. Ernesto siente un fuerte golpe en el pecho, como unas manos que le presionan y no le dejan respirar, y un arañazo en el cuello; se cae al suelo de rodillas, intentando respirar como puede. Su compañero, Arbentosa, vomita sangre por la nariz, la boca y la enorme herida de la bala cuarenta y cinco que le alcanza el estómago, haciéndole un gran agujero. Ernesto, consigue una bocanada de aire, se echa la mano al cuello, ve sangre. Gira la cabeza hacia la izquierda porque oye una respiración muy agitada, se arrastra hacia Arbentosa. Al ver las heridas se queda perplejo, clavando la mirada en la herida del estómago, reacciona al cabo de unos segundos y pone sus manos encima del estómago y aprieta, intentando cortar el brote de sangre. Se empiezan a oir voces de rendición, pero el arsenal de balas sigue volando, nada cesa, todo está como antes, pero peor. Ernesto prosigue con el intento de milagro, pero su amigo deja la mirada clavada en el cielo, su sufrimiento a terminado. Ernesto se queda tendido a su lado. Otro soldado, Ponce se acerca agitado, con la respiración anhelante, mostrando un balazo que aparentemente le atraviesa el pulmón.
PONCE:
Estoy herido, Ernesto, haz algo.
ERNESTO:
Yo también.
Ernesto tiene las manos y el traje llenos de sangre suya y de su compañero, se está empezando a marear. No puede ni moverse, pero el fuego no cesa.
Sigue Ponce arrastrándose hacia el cañaveral, así como otros compañeros ilesos. Por un momento, Ernesto se quedo solo, tendido allí esperando la muerte. Almeida llega hasta él y le da ánimos para seguir; a pesar de los dolores, se arrastra y entran en el cañaveral.
Se forma un grupo que dirige Almeida, lo único que tienen que hacer es cruzar la última guardarraya del cañaveral para alcanzar un monte salvador.
Atrás dejan a más de la mitad de sus compañeros demacrados, todo el cañaveral lleno de muertos, y sangre. Algunos de los soldados todavía están vivos, aunque sea durante un rato, escasos minutos de respiración. Atrás se dejan a amigos, pero se llevan sus armas y sus placas de identificación, no pueden dejar nada que les pueda reconocer, sólo son muertos y como tales no tienen ni nombre, ni familia, ni ilusiones, ahora sí, ahora carecen de todo, hasta de su vida y de las ilusiones de una victoria gloriosa.
SECUENCIA 4.B. EXTERIOR NOCHE/ AMANECER
Los guardias de la dictadura, aunque son reducidos en número, cuentan con un refugio, en el que muy difícil darán la rendición. Los rebeldes lanzaron viejas granadas, que por motivos que desconocen, no estallan. Los soldados tiran dinamita sin niple y ésta no hace ningún efecto. Hay entonces que acercarse y quemar los casas aun con riesgo de la propia vida; en aquellos momentos Universo Sánchez trata de hacerlo primero y fracasó, debido a un disparo que se esconde en su vientre, después Camilo Cienfuegos tampoco pudo hacerlo, y al final, Luis Crespo lo incendia. Se consigue la hazaña. Los guardias del ejército de Batista, están medio asfixiados por el humo desprendido de las cabañas o casas; en medio del humo y de la confusión, los rebeldes aprovechan para acribillar los cuerpos de los soldados que se encuentran en zonas visibles y poco altas, con huracanes de balas; Muchos de ellos mueren y otros deciden rendirse, aunque como en toda guerra, sólo existen los vencedores. Los rebeldes empiezan a trepar por las paredes y paredes medio hundidas hacia el interior del cuartel. Cuando consiguen entrar todos, van matando poco a poco a los pocos guardias que quedan a pesar de pedir la rendición sin condiciones. Fidel Castro toma la decisión de que es preferible ser vencedor y libre o no ser nada. Mata a los soldados y deja prisioneros a los soldados de mayor graduación. El cuartel se convierte en un auténtico infierno, rodeado de fuego, humo y sangre. Fuego que se va extinguiendo poco a poco, aunque el humo se va acrecentando. Mientras el campesino que ayudo a las tropas rebeldes contempla el panorama desde el alto de un monte, sonriendo y mirando con gula lo que está sucediendo.
SECUENCIA 5.A. ALDEA . EXTERIOR/ AMANECER
Mientras tanto, en una aldea, poblada por pocas casas, donde la penuria y la pobreza se huele, se encuentra una mujer que va a dar a luz a su décimo hijo. La casa se sitúa en las afueras, desde fuera de la casa se oyen unos chillidos desgarradores, y se ven luces encendidas. En la puerta de la calle, está un hombre con cara de susto, como aterrorizado, acompañado de otros dos hombres. El marido está de pie, y los otros dos sentados en un pequeño banco de piedra que está al lado izquierdo de la puerta. Todos tienen una ropa sucia, rota por todos los lados. El marido lleva un jersey azul que parece que no le lava desde varios meses, sin rotos. Los otros dos tienen el jersey roto.
SECUENCIA 5.B.. CASA. EXTERIOR/ AMANECER
MARIDO:
- Bueno y qué tal la cosecha?
HOMBRE 1:
Bien
HOMBRE 2:
Bien.
Se oye otro chillido estridente y agudo, su marido empieza a andar por el porche, se para al lado de los dos hombres y mira para el monte. Se ven pasar aviones. Se queda mirando extasiado y pensativo al avión. Se da la vuelta y sigue andando de un lado para otro.
HOMBRE 1:
Hoy hay muchos aviones, no?
Los dos hombres asienten con la cabeza. El marido se saca un paquete de cigarrillos y camina hacia los dos hombres y les ofrece, ambos no quieren fumar; el marido intenta encender el cigarro, pero está tan nervioso que no atina a encenderle, uno de los hombres coge el mechero y le enciende el cigarro.
HOMBRE 2:
Qué vais a hacer con este pequeño?
El marido le da la espalda, y mira hacia el cielo.
MARIDO:
No lo sé. Será lo que Dios quiera.
SECUENCIA 5.C. HABITACIÓN CASA. INTERIOR / AMANECER
La habitación es pequeña, está llena de humedades, y las paredes que en un principio seguro eran blancas, ahora torna en un color negruzco. Enfrente de la puerta está la cama, con un colchón muy incómodo, lleno de agujeros; en la cama una mujer tumbada con un camisón blanco, remangado hasta la cintura, con las piernas abiertas, por ellas escurre sangre y un líquido. Por su frente corre el sudor de los esfuerzos que está realizando, parece que este parto no va a ser fácil. En una de sus manos empuña con fuerza un rosario que está enrollado en la mano, cayendo sobre el colchón la cruz; y en la otra mano araña el colchón, agarrándole con fuerza. Los chillidos son constantes.
En el cabecero de la cama, hay otros dos medallones, unos de ellos es la imagen de Cristo y el otro la Virgen. Encima de la cama hay un cuadro, una instantánea de los montes de Alegría de Pío. Hay dos mesillas a los lados de la cama, una de ellas está calzada con un libro, ya que carece de un cacho de pata. Son de madera, pero bastante antiguas. Encima de la mesilla del lado izquierdo hay una palancana de porcelana, contiene agua caliente y toallas, en la otra hay un vaso de agua y unos cirios.
En la habitación, de pié están dos mujeres de mediana edad, una de ellas se dirige hacia los pies de la cama, la intenta abrir más las piernas a la mujer y mira a ver si se ve al crío. Lleva poco tiempo de parto, todavía es pronto. Mientras, la otra coge un recipiente en el que hay agua bendita y con su propia mano va salpicando alrededor de la cama, bendiciendo la llegada del crío, e intentando espantar a los malos espíritus; salpica también al cuerpo de la mujer, se acerca a ella y le hace una cruz en su frente. Según va bendiciendo el lugar, va rezando. Mientras, la otra mujer se dirige hacia la mesita y coge una toalla y la palancana, vuelve a los pies de la mujer y la limpia las piernas. Cuando termina el ritual de la bendición, coloca dos velas una al lado del medallón de Cristo y otra al lado del medallón de la Virgen.
MATRONA 1:
Empuja. No eres nueva en esto, ya sabes como va.
MATRONA 2:
¿Las tijeras dónde andan? ¿ Tienes aguardiente?
MUJER:
En la cocina.
La matrona 2 se dirige hacia la cocina. La otra le abre más las piernas, con fuerza.
MATRONA 1:
¡¡¡¡¡Abre más las piernas, como quieres que salga el niño!!!!!!
El colchón se está llenando de sangre, al igual que su camisón. Empieza a salir la cabeza del crío, la mujer está bastante fatigada y dolorida, ya que lleva desde el amanecer dilatando y empujando.
SECUENCIA 5.D. COCINA. INTERIOR/ AMANECER
En la cocina hay una mesa pequeña al lado de la pared y dos sillas que las falta el respaldo, una cocinilla, que todavía tienen ascuas, desprende poco calor, y se nota ya que hace un poco de frío en toda la casa. En la fregadera todavía hay agua y unos platos sucios remojándose. En una balda que hay al lado de una ventana, también de madera, están los platos y los vasos. En una pequeña repisa, debajo de la balda, está unas botellas de aguardiente. Por el suelo hay platos rotos, que anteriormente la mujer rompió sin quererlo puesto que empezó a sentir las primeras contracciones. La matrona coge el aguardiente y busca las tijeras en el cajón de la mesa. Cuando ya tiene las dos cosas se dirige hacia la habitación.
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