“Disfruta de las cocochas que serán las últimas que te vas a comer”
Después de un duro día, el otro día, intentaba visionar una
película, exactamente buscaba una comedia. Pero, lamentablemente, o tal vez,
por suerte, encontré una película que “cala hondo”.
Un film, que aunque, su propio director tache de “ficción” y
“no basada en hechos reales”, representa de forma clara y sin lugar a dudas una
proyección de los “conflictos” vascos.
Se trata de “Todos estamos invitados” de Manuel
Gutiérrez Aragón. La verdad es que,
aunque para el propio director la historia que intenta plasmar en el
film sea “una historia de amor frustrada por el terrorismo”, siempre prevalece
el “conflicto” de ETA y la postura de una sociedad que “mira hacia otro lado en
el más riguroso silencio”.
La película y el propio guión son muy lineal, aunque de vez
en cuando se crean historias paralelas que se van enlazando con la trama principal.
Os comento, Josu Jon (el protagonista y sobre el que va a girar prácticamente
todo el film) es un joven que tras quemar las ruedas a un camión en un acto
vandálico, intenta saltarse un control de la Benemérita y recibe un impacto de
bala en el lóbulo izquierdo de su cabeza. Tras este incidente, le diagnostican
“amnesia”. Pero, según va avanzado la
proyección fílmica, no queda explícito si es verdad que el joven sufre amnesia,
o que él mismo no quiere recordar absolutamente nada. Obviamente, el personaje
principal pasa por diferentes hospitales penitenciarios, en los que las monjas
cuidan de él, y le aconsejan que tiene que “rezar para ser un buen cristiano”. Poco
a poco va recuperando la memoria, aunque es reacio a reencontrarse con lo que
antes era. Se niega a reconocer su pasado y las atrocidades que cometió.
Por otro lado esta su antagonista, Xabier, un profesor de la
Universidad de País Vasco que condena los crímenes de ETA y exige que se
arrepientan de lo que hacen y pidan perdón. A partir de esta declaración es
perseguido y amenazado de muerte por un amigo suyo, abogado de un etarra.
Los dos personajes principales están bien caracterizados y
definidos. Uno es la duda constante y la búsqueda de su identidad y el otro
personaje es la personificación del miedo y la angustia, la continua
persecución traducida en un eterno sueño de agresiones, persecuciones, etc.
Ambos personajes están unidos por una mujer, que perpleja, observa el acoso
al que es sometido Xabier, y la incredulidad de una sociedad que mira “hacia
otro lado” y que sólo se queja y condena los delitos en privado. Por otro lado,
se encarga de Josu Jon, de conseguir que recupere la memoria. Toda una historia
de amor a tres bandas.
Personajes que se entrelazan hasta conseguir un clímax
único, con un final abierto que hace al espectador replantearse toda la
película en escasos segundos y tomar una decisión. Nunca una llamada de timbre ha supuesto tantos finales alternativos.
Un film pionero a la hora de conjugar datos verídicos con
historias de ficción. Una historia que se puede encajar en cualquier tiempo.
En definitiva, correcta en la técnica fílmica como en el
guión y caracterización de personajes. Verídica o no, como expresó su director,
hace que en una hora y media se posicione una tanto en la angustia vivida por
las víctimas, en la injusticia de no condenar esos crímenes, como en la
capacidad de no recordar para no hacer más daño.
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