‘Si no estás ocupado, ¿quieres cenar conmigo?’
‘¿Ocupado? Cielo, no he estado ocupado desde el año 1978’
Muy pocas veces, por no decir nunca, una comedia romántica
me entusiasma tanto como Holiday.
Una película del 2006, producida, escrita y dirigida por
Nancy Meyers. Una historia de amor y desamor, todo un homenaje a los films de
los años treinta y cuarenta de Hollywood, la edad dorada de este género.
Y es todo un alegato al mundo del cine, empezando por el
título original que emula a un clásico de George Cukor, “Vivir para gozar”.
No sólo en la disposición del título, sino también en la
caracterización y actuación de los personajes. De hecho, Graham, uno de los
personajes principales adquiere el papel de Cary Grant, con esa chispa de
humor, de “Don Juan”, pero más emotivo.
Y por parte de una de los personajes principales femeninos, Iris, y por medio
de un secundario, que encarna el papel de un guionista de la época dorada de
Hollywood, que la insta a aprender, comportarse y adquirir la personalidad de
las actrices de Rosalind Russell, la inolvidable Hildy Johnson en “Luna Nueva”, y de Bárbara Stanwyck de “Las
tres noches de Eva”.
El film gira alrededor de dos historias paralelas. Amanda,
es una publicista que se dedica a crear y editar trailers de películas. Todo es
perfecto hasta que su pareja la engaña.
Por otro parte, Iris, periodista londinense, enamorada
locamente de un compañero con el que mantiene una relación, y que decide romper
con ella anunciando su compromiso con otra mujer.
Ambas desengañadas, deciden tomar unas vacaciones. Por lo
que ambos personajes a través del intercambio de casas por internet se conocen
mediante email y llamadas de teléfono.
Vidas completamente opuestas y separadas en continentes
diferentes. Ambas se intercambian las casas. Y en ese escenario será en el que
encontrarán su media naranja.
En el caso de Iris por partida doble. Por un lado, conoce en
Hollywood a Miles, un amigo de Amanda, un compositor de música para films. Y,
por otro lado, conoce a Arthur, un octogenario guionista de la era dorada. Éste
le enseña a Iris como debería comportarse ante ciertas circunstancias amorosas,
como las actrices Bárbara Stanwyck en “Las tres noches de Eva”, y Rosalind
Russell en “Luna Llena”, unos de los muchos guiones que él mismo escribió.
A través de estos films y guiones, transcurre una trama que
posee “tintes clásicos”, todo un recorrido por lo mejor de Hollywood,
recordando películas clásicas que marcaron un antes y un después, y que nos
muestra una técnica intencionada por parte de la directora, “el cine dentro del
cine”.
También nos enseña un proceso de hacer cine a través de sus
personajes, editora de tráiler, compositor, guionista… Y como no, nos indica la
importancia de la música a través de Miles, que la utiliza como vehículo para
expresar el amor que siente hacia Iris.
Pero no solo la música está presente en esta pareja, sino
también en Graham, hermano de Iris, y Amanda.
Todo un paseo rodado al estilo de los años sesenta.
Cada detalle está ejecutado a la perfección, incluso hay ciertos cameos durante el
desarrollo de la película. Una escena en
la que Iris y Miles pasean por un videoclub en busca de unas películas, Miles
comienza a tararear bandas sonoras de películas. En este escenario se
encuentran con Dustin Hoffman, protagonista de “El graduado”.
Y se nota esos detalles, a la hora de elegir las
localizaciones, consiguiendo un contraste en color típico del cine clásico.
Mientras que Amanda vive en un chalet, rodeada de vegetación, ( la típica casona de film como “Historias
de Filadelfia”), Iris vive en una “casita” cálida, colorista… Dos
localizaciones que nos indican como serán sus personalidades.
SECUNDARIO DE LUJO
Para entender mejor
la razón por la cual esta película es todo un homenaje al cine clásico,
desde su guión hasta la composición de la banda sonora, cabe destacar un
secundario, que sirve como “batuta” a la hora de unir tanto las características
clásicas como las actuales. Y esa “batuta” es Eli Wallach, todo un veterano de
películas como “El bueno, el feo y el malo”, “Vidas rebeldes” “el Padrino”...
Cada vez que aparece en escena los personajes, e incluso el guión adquieren
otro ritmo, otra forma de hacer cine, mucho más simple pero más eficaz que la
contemporánea. Sus gags, su forma “pícara y desenfadada” de decir las cosas, el
constante recuerdo de películas tan importantes en la historia del cine…. Todo
ello hace que el film adquiera un tono diferente. Es decir, no estamos ante la
típica comedia romántica americana, sino que nos encontramos con otra tipo de
comedia que hacía muchos años que no se rodaban. Magnífico punto de inflexión
en la trama que le da Eli Wallach.